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Paradigma: Zlatan

Por: Gabriel Hidalgo (@gabohidalgoh). 

La grandeza del ser humano está compuesta por elementos que a nivel social, llámese colectivo, alteran y modifican el funcionamiento de cada día. Basta decir esto para recordar a personajes de la historia a los que poco se les recrimina: Abraham Lincoln es un emblema del nacionalismo estadounidense tan arraigado que siglos después la gente lo considera suyo, parte de su cultura y motivo por el cual levantarse y seguir luchando. Napoleón Bonaparte produce el mismo efecto en Francia: un tipo recordado por sus grandes hazañas sin agrandar sus defectos.

En el fútbol es inevitable caer en estos juegos. En muchas ocasiones se alaba conscientemente. Y esto no excluye a aquellos que los consideran dioses. Tipos que admiran a otros tipos con muchas más facilidades de manejar un balón. Claro está que muchos lo intentan, pero solo pocos logran realmente conseguirlo. O diferenciarse que al final es lo mismo. Y así como John Lennon dejó un legado vinculado a la música y Martin Luther King desarrolló una labor social que hoy en día se admira, en el fútbol también encontramos diferentes formas de alabar a los ganadores. Hay clubes muy especiales, como el de “Los Cuatro Fantásticos” que ni Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o Zinedine Zidane han podido entrar. Johan, Diego, Alfredo y Edson Arantes conforman la élite de los recuerdos futbolísticos. Cuatro tipos que marcaron época y que se les reconoce como los grandes pioneros de este deporte.

Sería muy injusto no exaltar a aquellos que no forman parte de esa élite. Porque más allá de los tres mencionados hay muchos otros que han tocado la puerta, esperando que sea abierta. Algunos creían que era absurdo contemplar por mucho tiempo el cerrojo y la placa hecha en oro que se expone en la parte alta de la misma. Sobre todo por tener dentro de una maleta varios de los trofeos que inmortalizaron a cada miembro de este club. Algunos se fastidiaron o entendieron que no era más que una simple percepción colectiva.

Pero, en el fútbol es inevitable caer en estos juegos. Las redes sociales se llenan de millones de mensajes cada vez que el ’10’ de Barcelona hace un gol, y ni se diga cuando gana el partido. O el debut de Zlatan Ibrahimovic en Los Angeles: dos goles en 15 minutos para concretar una histórica remontada en el primer nuevo derbi de la ciudad -entre LA Galaxy y Los Angeles Football Club- que se robó los focos esta semana en la Major League Soccer. Mismo caso con hechos colectivos: el mundo entero se estremeció al ver una goleada tan contundente de un grande sobre otro grande en un moderno estadio al este de la ciudad de Madrid. La demanda es tan alta que con el pasar del tiempo, se generó una estructura que sustenta todos esos elementos efímeros. Cada día surgen nuevos hechos que de llegarse a repetir el mismo personaje en tan poco tiempo, recibe la etiqueta de especial. Y ya depende de él si la mantiene, la agranda o la pierde.

Es tan sectorial el fútbol que los grandes héroes jamas podrán desempeñarse en un plano cerrado. Todos pertenecen al mismo mecanismo de clubes y selecciones, obvio, pero es que los camino son tan distintos a pesar de nacer en el mismo barrio y de jugar para los mismos colores que jamás podremos equilibrar dos historias en el punto cero de una balanza. Quizá este sea uno de los puntos más comunes con aquellas grandes reflexiones de la vida. Jamás debemos olvidar que esos tipos tienen pareja, como nosotros; padres e hijos, como nosotros; amigos y cercanos, como nosotros. Me genera cierta discrepancia cuando escucho que son personas diferentes y que, por ser más conocidas deben actuar mejor. Empezando porque no sé que es mejor, y estoy seguro que aquellos que lo imponen tampoco lo saben.

¿Grandes jugadores de los mundiales? Michael Platini, Gerd Müller, Ronaldo Nazario, Gordon Banks, Fabio Cannavaro, Lothar Mattäus y para usted de contar. Jugadores inmortalizados por sus grandes hazañas en el evento más importante de este deporte. ¿Grandes jugadores de clubes? Ryan Giggs, Clarence Seedorf, Kenny Daglish, Juan Román Riquelme, Ronald Koeman, Andriy Shevchenko y Wayne Rooney. En tan solo 50 palabras hemos desglosado dos ramas muy poderosas en donde, acorde a su circunstancia y camino de vida, se desenvuelven las grandes historias del fútbol. Aún así, hay personajes que se escapan de esos campos y mantienen la etiqueta que les atribuye grandeza. Michael Ballack, Pavel Nedved, Ruud Van Nistelrooy y Eric Cantona son algunos. Pero Zlatan Ibrahimovic es el líder de un grupo que alcanzó la cima, disfrutó de ella y aún así, no dispone de los mismos recursos de aquellos grandes campeones. Esto no les prohibe tocar la puerta, pero el destino de la misma parece mucho más evidente.

Hay que ser duro para salir de Suecia, ganarte un puesto en Holanda y construir una leyenda en Italia, España, Francia e Inglaterra. Podría ser la historia de un emperador nórdico que emprendió una conquista monumental por toda Europa. Pero emperadores hay muchos, unos viven más que otros. A la larga quedarán distintos legados, distintos recuerdos. Momentos inmortalizados por sus seguidores y que dependiendo de su propia grandeza serán recordados por las generaciones siguientes. También hay muchas formas de recordar. Basta con preguntarle a un adolescente si considera a Diego Armando como el mejor de la historia a pesar de nunca haberlo visto. Con Zlatan sucede algo muy particular: despierta un culto hacia su personalidad. Su forma de expresarse incita a que entre sus mayores recuerdos esté el poder de su discurso. Eso podría ser un dato menor si se tratara de cualquier otra persona, incluso despreciable. Pero la figura que a la par fue construyendo dentro del rectángulo lo cambia todo.

Zlatan Ibrahimovic es un caso particular. No le tocó vivir en la época de Eric Cantona, compañero de grupo que producto de un contexto social mucho más violento le acompañan eventos no aptos para menores de edad. Zlatan es un emperador. Se adueñó de un pedazo de tierra en la misma época de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Demostró que merecía contar con un ejercito a su merced. Y tras años de triunfos en el campo de batalla, dio por conquistado su propio continente. Ahora está en América. Zlatan ha pisado territorio desconocido, su espalda le da un renombre que hace temblar a todo aquel que considere retarlo. Sabe que la puerta del exclusivo club no se abrirá, pero tiene años sin forzar la cerradura. Para un tipo como él, le basta su propia sala llena de trofeos y anécdotas que seguramente contaremos a las futuras generaciones. El Rey León ha llegado a la ciudad de las estrellas. Y parece que ya la conquistó.

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