Estamos trabajando en nuestro nuevo sitio.Volveremos muy pronto para seguir rompiendo líneas.

La fase 2.0 está muy cerca. Afrontaremos los grandes eventos que se aproximan de otra forma.

Copyright © The Line Breaker | Published By Gooyaabi Templates | Una web de The Line Breaker Company
Diseñado por José Rafael Camacho.
Con la tecnología de Blogger.

SUSCRÍBETE POR CORREO

Cuando los que creían acertaban

Por: Juan Camilo Ortiz Villa. 

Puede parecer confuso de inicio, pero en una época la capitanía siempre importaba. Todavía hay equipos con la mística del cargo, pero en esos tiempos remotos y cercanos no había quién degradara su relevancia. Ese símbolo de liderazgo y de longevidad en la escuadra se ha desmedrado.

Desafortunadamente, la cantidad de ejemplos es vastísima, como el de Neymar en la Copa América de 2015. Carente de templanza, fue revestido por su celebridad sin oposición de la hinchada. Fue como si ya no se creyera en la institución de capitán, a tal punto que ni siquiera merece una respuesta con un voto en blanco, dejando como la opción más cómoda al abstencionismo.

“Y ¿de qué sirven los capitanes en el fútbol?” se preguntarían los escépticos. “Es solo un jugador más y a fin de cuentas es el entrenador el que da las órdenes. Elige el lado del campo y quién inicia la tanda de penales, pero no tiene acceso exclusivo al árbitro”. Por fortuna, la historia futbolística invita a no quedarse en la superficie.

John Obi Mikel debutó para el Chelsea en la temporada 2006-2007 y marcó sus dos primeros goles en la F.A. Cup. Entonces, tenía una función más ofensiva a la de sus últimos años como pensioneer. En todo caso, la experiencia que acumulaba en el club blue no le era suficiente para encabezar la formación londinense.

Dos factores restaban el protagonismo que Mikel necesitaba para portar el brazalete: la presencia de jugadores históricos en la titular y su escasez en las redes. Sus actuaciones en la primera temporada prometieron que sería un mediocampista anotador, pero no volvió a marcar en seis años.

Pasaron casi siete hasta que por fin se suprimieron esos factores. Marcó su primer gol en Premier en 2013. Además, en un partido de 2014, el planteamiento técnico lo favoreció. Frank Lampard no había sido convocado, John Terry y Petr Čech estaban en el banco, el partido iba 0 a 0 contra el Derby County y José Mourinho, el entrenador en esa época, con miras a la victoria sustituyó a Michael Essien, quien fungía de capitán, para ingresar a un jugador más ofensivo. 

Siete años después del primer voto de confianza -su contratación-, vino el segundo: la primera capitanía. En ese apartado de la historia, el Chelsea era uno de los equipos que conservaba la creencia de que ser capitán significaba algo. Antagonizando esa postura, la teoría más cruda del fútbol, esa a la que se adhieren los escépticos, hubiera sugerido que el verdadero cambio fue la entrada de Eden Hazard y no la transferencia de la capitanía. En el 66’ anotó Mikel conduciendo a los pensioneers a la victoria.

Quienes digan que fue una casualidad podrían tener razón. Pero para los bestiarios interesará que ese gol como capitán fue en enero por la F.A. Cup, en el mes y competición donde prometió un camino anotador. Y es que todas las instituciones pueden ser derogadas desde la teoría, pero si se cree en ellas, quizás funcionarían.



Compartir:

Publicar un comentario

REVISTA THE LINES