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La Naranja Mecánica: el legado Cruyff

Por: Gabriel Hidalgo (@gabohidalgoh). 

La Copa del Mundo es el evento más grande del deporte. La cultura que se gestó en torno al fútbol generó un torneo que, con 88 años de existencia, se instaló como la competición con mayor importancia a nivel mundial. Y a lo largo de dicha historia se han presentado equipos legendarios. La Brasil de Pelé marcó un antes y un después, ni que se diga la Argentina de Maradona en el 86. También tiene su espacio la Francia de Zidane o la España de 2010. Fueron equipos que maravillaron al mundo entero. Levantaron la copa e inscribieron su nombre entre los más grandes de este deporte. Pero hay una selección que no se coronó. Una selección que si bien se quedó a las puertas -y vio como se inmortalizaba la Alemania de Franz Beckenbauer- entró al Olimpo de los grandes equipos mundialistas. La Holanda del 74 no alzó el trofeo que le atribuía ser el mejor país del mundo, pero su  estilo de juego marcó quiebre en la historia moderna del fútbol.

Si hacemos memoria, los subcampeones no ocupan siquiera una cuarta parte de los recuerdos que a la Copa del Mundo se le atañen. Es muy difícil pensar en aquellos que perdieron la final. Los que recuerdan la historia desde el lado negativo, con recelo y con un remordimiento interno que, si bien se puede superar con el pasar de los años, se muestra como un evento imborrable dentro de lo vivido. No hace falta ahondar en una explicación que el ser humano, por su naturaleza de competitividad, entiende a la perfección. La Holanda de Johan Cruyff jamás saldrá de un entorno que los crítica y menosprecia por no haberse alzado con el campeonato. Pero convertirse en el máximo exponente entre aquellos que llamamos perdedores, dice mucho más de un equipo que sí revolucionó el fútbol de su época.

El libro “Brilliant Orange” de David Winner define el contexto en el que Holanda, como país, se encontraba en los años previos al mundial de 1974. Entre 1949 y 1955, la selección sólo ganó dos de los 27 partidos que logró disputar. No era ni por poco una referencia a nivel mundial. Los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial no fueron buenos. “Si no tenemos éxito en controlar el juego brusco, dentro de 50 años aquí no se va a jugar más al fútbol”, decía el presidente de la Asociación de Fútbol Holandés, Wim Meuleman. Mientras Uruguay lograba la hazaña que hoy recordamos como el “Maracanazo” y Pelé comenzaba a deslumbrar en los mundiales, el fútbol de los Países Bajos era aún muy pobre. Lejos estaba, entonces, de cualquier competitividad regional.

Holanda comenzaba a reaccionar. Para la década de los 60 se inició una revolución en el fútbol local. Se apostó por un profesionalismo de las ligas más importantes y los resultados comenzarían a verse en los años venideros. Un punto de inflexión fue la llegada de Rinus Michels al Ajax a mediados de esa década. La preparación física sumó mucha importancia dentro de la planificación. El juego colectivo era un pilar que se priorizaba por encima de cualquier otro. Por si fuera poco, en 1964, debutaba con tan solo 17 años de edad un jugador que en el momento en el que se escriben estas líneas, es considerado uno de “los cuatro grandes” en la historia del fútbol mundial. Hendrik Johannes Cruijff entraba en escena.

Fue entonces cuando el cambio para el fútbol holandés parecía inminente. Con Rinus Michels en el banco y con Johan Cruyff en el campo, el Ajax consolidó tres elementos fundamentales que los llevó a ganar la primera de tres Copas de Europa consecutivas: practica del fuera de juego, pressing ofensivo y posesión del balón. En los primeros tres años de la década del 70, el fútbol holandés saltaba a la cima del escenario europeo. Luego de vencer a Panathinaikos en la primer final, Michels partió al Fútbol Club Barcelona. Su legado se mantuvo intacto y en los dos años siguientes Cruyff lideró al club para vencer a Inter de Milan y Juventus respectivamente. Nadie podía ante un equipo que ya se ganaba la etiqueta de jugar un fútbol total.

El mundial que organizó Alemania Federal en 1974 era una oportunidad única para consagrar a Holanda como el país que mejor fútbol practicaba, pocos años después de encontrarse en los estratos más bajos del fútbol europeo. Rinus Michels había convencido un año antes a Johannes para ir a jugar a Catalunya. Otra vez volvían a juntarse las dos personas más influyentes del momento. El resultado de dicha unión fue nada menos que una liga española, la primera desde 1960. Durante la competición en suelo teutón, en la primera fase se quedaron con el liderato del Grupo A tras empatar sin goles ante Suecia y derrotar a Uruguay (2-0) y a Bulgaria (4-1). En la segunda ronda barrieron a Argentina (4-0), Alemania Democrática (2-0) y Brasil (2-0). La final fue ante la selección local, Alemania Federal. Cruyff provocó un penal a los 2 minutos de haber comenzado el partido, lo cual se tradujo en ventaja para los holandeses. Sin embargo, Paul Breitner y Gerd Müller concretaron una histórica remontada. Franz Beckenbauer levantó el trofeo en el Olímpico de Munich, ante la mirada de Rinus y Johannes en un estadio que explotaba de emoción.

La Holanda del 74 fue el reflejo de ese “fútbol total” que durante la década previa los holandeses se empeñaron en desarrollar. El mundo entero se deleitaba con la presión alta de una selección que arrolló al resto de los países. Era un equipo que se basaba en la multifuncionalidad de sus jugadores. En la jugada que provocó el penal al principio de la final de Munich, Cruyff partió como último hombre. Era un sistema que desconcertaba a los rivales. Una revolución en el fútbol de la época que vio como una de las mejores selecciones en la historia se quedaba a las puertas de la consagración. Quizá sea por esto último que no se les recuerde como se merecen. Es imposible no creer que en un evento que se realiza cada cuatro años la suerte no juega un papel fundamental. Pero no la suerte de esperar quien sale favorecido, sino aquella suerte de que en algún momento dado, las cosas no salgan como el rival espera.

"No éramos simplemente un grupo de jugadores que se movían para adelante y para atrás. Michels cambió la mentalidad. Los defensores iban para adelante, los delanteros venían para atrás. Jugábamos presionando al otro equipo, asumiendo grandes riesgos en el fondo. Y hasta el arquero, Jongbloed, era un líbero”, recordó Wim Rijsbergen cuando fue entrevistado por el New York Times.

Johan Cruyff cayó en la final de un mundial, poco tiempo después de levantar tres Copas de Europa con el Ajax. Su Holanda se quedó muy cerca de entrar en ese lote de grandes campeones en la historia del fútbol. Pero el juego desarrollado durante ese torneo, coloca a la “Naranja Mecánica” como uno de los grandes ejemplos de este deporte. Una selección que no necesitó de un resultado para forjar su inmortalidad. Aunque es imposible no pensar que hubiese pasado si el final hubiese sido distinto. Si Hendrik Johannes Cruijff hubiese levantado la Copa del Mundo.

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