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Érase una vez: Mauro Silva

Por: Theoscar Mogollón (@Theo_Mogo).

En un deporte como el fútbol, donde marcar goles es lo primordial y más vistoso, ¿cómo un jugador de corte defensivo puede llegar a convertirse en parte esencial de una selección campeona del mundo y en el más importante en la historia de un club? Quizás hoy en día eso no sea muy posible, pero en la década de los noventa existió uno. Érase una vez: Mauro Silva.


Brasil es tierra 100% futbolera, donde la mayoría de los jugadores se convierten en profesionales a corta edad. Mauro Da Silva Gomes no fue la excepción y ya a los 18 años estaba debutando con el Club Guaraní, equipo que le dio la oportunidad de dar sus primeros pasos. Dos años después se iría al Club Atlético Bragantino. Allí, una vez ascendido a la Serie A, Silva y sus compañeros ganarían la Liga Paulista en los años 89 y 90, de la mano del técnico Vanderlei Luxemburgo.

Luego de dos años y medio muy intensos, el mediocampista tendría sus primeros llamados a la Selección Nacional, dirigida en aquel entonces por Paulo Roberto Falcao. Con la verdeamarelha puesta, las oportunidades de saltar a Europa llegarían más rápido que tarde. Y así fue. Mauro firmó un precontrato con la Roma, pero por el cupo de extranjeros lleno no se logró ejecutar la opción de compra. De jugar en la capital italiana, el brasileño puso rumbo a A Coruña.

El cerebro de la Canarinha
Era 1991 cuando Mauro Silva ya era parte del combinado nacional. En ese mismo año, la Copa América se jugaría en Chile y Brasil terminaría como subcampeón. Sin embargo, la revancha llegaría 6 ediciones más tarde, en Bolivia, donde alzarían su quinto trofeo tras vencer al anfitrión 3-1 en la final.

Intuición táctica para posicionarse en el campo y para interpretar el juego, conducir la salida del balón, interpretar por dónde podía resquebrajarse el equipo y fortalecer esa posible debilidad; son algunas de las virtudes que lo hicieron adueñarse del mediocampo brasileño, combinado, además, de que jugaba con grandes figuras ofensivas.

Su punto más alto con la canarinha fue en el Mundial de 1994, en Estados Unidos. Jugando todos los minutos -excepto en uno donde salió sustituido luego de ser parte fundamental de la victoria- Mauro estuvo a centímetros de regalarnos una versión distinta de aquella épica final. Siendo un jugador que no se le daban los goles, el poste le negó la oportunidad de convertirse en el héroe esa tarde.

Con el título de campeón del mundo en su haber, además de brillar con luz propia en la liga española, Silva estuvo dentro de los planes para jugar el Mundial de Francia 98; no obstante, una lesión terminó cerrándole las puertas de compartir equipo con Bebeto, Ronaldo, Cafú, Dunga, entre otros.

“Sinceramente, yo no sabía a dónde iba, dónde estaba A Coruña”
“¿Irme al Depor?”, llegó a pensar Mauro cuando las negociaciones estaban cerradas y daría finalmente el salto al viejo continente. Pese a que no le parecía el mejor lugar para ir, el Deportivo puso mucho énfasis en llevarlo junto con Bebeto. Ambos brasileños se convencieron en que podían hacer cosas importantes allá y lo cumplieron.

En un club recién ascendido y con más de 15 años jugando en Segunda División, el proyecto no fue lo único que encantó a Mauro, sino también la provincia, Galicia, una tierra de emigrantes que los hizo sentir como en casa. Eso terminó jugando en favor para que el mediocampista se quedara por las siguientes 13 temporadas.

La historia de ese recordado SúperDepor inició en la campaña 92-93, en la cual finalizarían terceros. No solo habían comenzado con cinco victorias al hilo, sino que también fueron capaces de remontarle un juego al Real Madrid, quienes después duraron 16 temporadas sin conocer la victoria en Riazor. Tanto Mauro como Bebeto, dos jugadores completamente desconocidos en aquel entonces, empezaron a cargarse el equipo al hombro.

Uno de los momentos más tristes y oscuros, no solo en la vida del brasileño sino también del Depor, fue en el 94, cuando por un penal errado en la última jugada de la última jornada no les dio el primer título de liga. No obstante, las revanchas -y los trofeos- llegaron al año siguiente. Pese a no poder participar del todo, Mauro estuvo siempre presente apoyando a sus compañeros en la Copa del Rey y Supercopa de España, este último goleando al Real Madrid 5-1 en el global.

El pilar de un SúperDepor europeo
Con cada temporada que empezaba, grandes jugadores se iban, pero otros excelentes venían. Mauro siempre estuvo ahí, liderando desde el mediocampo, siendo uno de los pilares del equipo que a la postre se haría un nombre en los torneos europeos. Ya para el año 2000 los frutos de tantos años de trabajo y sacrificio valieron la pena, pues el título liguero finalmente llegaba.

Seis años después del fatídico penal, los jugadores salieron con el corazón en la mano, era el partido de sus vidas y salieron a dejarlo todo en la cancha. Fue más que merecido ese trofeo, sobre todo para esas figuras que habían sufrido en el 94; Fran, Donato y Mauro. La locura y la alegría se desbordó ese día en A Coruña, con los jugadores en el palco y los aficionados en el césped.

El éxito de este equipazo que enamoró a España y gran parte de Europa no se detuvo. La Supercopa de España del 2000 la obtuvieron frente al Espanyol. Dos años más tarde, Mauro fue uno de los artífices del Centenariazo en el Santiago Bernabéu, donde la fiesta la organizó el conjunto merengue pero fueron los gallegos quienes sobresalieron en el terreno de juego.

“Mauro, otra vez Mauro, ahí está Mauro… ¿Quién si no? Mauro otra vez…”, se recuerda entre los comentarios de José Ángel de la Casa, uno de los narradores de aquel encuentro en la capital española. Fue otra destacada actuación del mediocampista que coincidió con el triunfo y gran funcionamiento del equipo. Ese 2002 lo cerraron con otra Supercopa de España, la tercera, esta vez ante el Valencia.

En Liga de Campeones, tanto Riazor como Mauro vivieron momentos inolvidables. Durante dos ediciones seguidas llegarían a Cuartos de Final. En la 00-01 caerían eliminados ante el Leeds United con global de 3-2. Mientras que en la 01-02 Manchester United (5-2) serían sus verdugos. Solo cayeron en casa en 3 de los 14 juegos en esas dos ediciones.

El último gran SúperDepor europeo se vio en la 03-04, donde llegaron a semifinales. Mauro lideraba una plantilla llena de talentos; con grandes nombres como Diego Tristán, Luque, Valerón, Víctor, Capdevilla, Pandiani y los veteranos Fran y Djalminha. Luego de una dura derrota (4-1) de visitante en Milan, los gallegos hicieron una heroica en Riazor y clasificaron a semis tras ganar 4-0.

Mauro tiene una curiosa anécdota de esa noche. “Íbamos ganando 3-0, pero nos habíamos dado una paliza y yo estaba reventado. Sin embargo, al ir hacia el vestuario le dije a Pandiani: «Venga, Walter, vamos a correr». Y aceleramos hacia la caseta. Nuestros compañeros nos vieron e hicieron lo mismo, y los jugadores del Milan, con paso cansino, miraban alucinados. Creo que nuestra actitud les afectó psicológicamente.”

La última vez en Riazor
A lo largo de sus 13 años en el Deportivo, a Mauro Silva le llovieron las ofertas para fichar por otros clubes. Algunas, mareantes en términos económicos, como la del Real Madrid, pero para el brasileño no todo se trataba de dinero. Por una parte, el Depor colmaba todas sus aspiraciones; y por otra, las personas en la calle lo trataban con mucho amor, como si fuera de la familia.

El 22 de mayo de 2005, la jornada 37 tendría un sabor amargo para los fanáticos del Depor. Tanto Mauro como Fran, dos piezas fundamentales en los 6 títulos de la institución, colgarían definitivamente las botas. Era la última vez que se iban a bajar de un autobús en Riazor. La última vez que se sentirían el centro de las miradas. La última tarde con los compañeros, los que les dieron las gracias por los buenos momentos vividos. La última vez que el aguerrido dorsal #6 pisaría la cancha.

Con la derrota final en otro plano, todos los presentes estaban ahí solo por esas dos grandes leyendas, esas que lo dieron todo por los colores blanquiazules. Fue una tarde muy emotiva, con ambos jugadores alzados en los hombros por compañeros y fanáticos. La fiesta en el campo era similar a la de años atrás. Con gritos como “¡Mauro! ¡Mauro!” o “¡Campeones oeoeoe!”, el brasileño viviría ese increíble momento rodeado de grandes personas.

“Hemos llorado, es inevitable. Pero no todas las lágrimas son amargas. Hemos disfrutado mucho. No pude imaginar una despedida así, con mucho calor y con tanto apoyo”, declaró el 6 en su última rueda de prensa.

Ahora, tal como lo hizo dentro de la cancha lo hace ahora fuera de ella. Mauro sigue siendo un gran ejemplo de lo que es ser una persona seria, trabajadora y comprometida. Actualmente, se ha propuesto la difícil tarea de profesionalizar la estructura futbolística de Sao Paulo y de Brasil. Y es que para él, la formación integral es lo primordial. “Formar a un futbolista no solo es formarlo técnicamente. Si le formas académicamente, culturalmente estás formando una persona mejor”.



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