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El saludo


Por: Juan Pablo Gatti (@GattiJuan)

La península de Corea ha sido casi siempre un reino unido, basto en tierras, cultura y sabiduría. Nunca estuvo exento, sin embargo, del ataque de otros países que quisieron usurpar sus riquezas para hacerlas propia, como pasó el siglo pasado con el imperio japonés. Fue justamente el final del terrorífico mandato nipón cuando se produjo la ruptura. Los pueblos luchan por un ideal, los políticos por el poder, y en Corea eso estuvo más patente que nunca.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial el país quedó partido en dos por el paralelo 38°, y personas que se amaban se vieron divididas de la noche a la mañana. Dos regímenes tomaron el control de la península: en el norte los soviéticos impusieron el socialismo mientras que en el sur los norteamericanos mantuvieron el capitalismo como bandera. Los ideales políticos, económicos y culturales cambiaron y esas personas que se amaban tuvieron que odiar a su igual fronterizo, casi sin razón aparente más que el ser diferentes por una bandera.

Pero si los poderosos de este mundo dividen el deporte es su antítesis. En Pyeongchang, ciudad cercana a Corea del Norte, las dos naciones con sistemas irreconciliables se unieron durante la ceremonia inaugural. Los atletas, como si estuvieran ajenos a una disputa que lleva ya 70 largos años, desfilaron juntos en el Estadio Olímpico como si fueran hermanos de toda la vida y ondearon una bandera blanca donde de fondo se encuentra la icónica imagen de la península coreana al completo. Como explicaba en su Twitter el periodista español Aitor Lagunas (@aitorlagunas), ambos países ya se habían unido bajo un mismo símbolo en los mundiales de tenis de mesa y de fútbol juvenil en 1991, y también pasearon por una sede olímpica la divisa unificada en los Juegos de Sydney 2000 y Atenas 2004, pero ahora no solo competirán juntas en el hockey sobre hielo femenino, sino que el gesto de unir a ambos bandos cobra mayor relevancia al darse nada menos que en uno de los dos territorios en disputa, en este caso el lado surcoreano.

En medio de tanta locura, con una guerra fría que se calienta por momentos (técnicamente el conflicto nunca ha cesado en la región), solo el deporte puede darnos una imagen tan representativa como el apretón de manos entre el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, y Kim Yo Jong, la hermana del dictador norcoreano Kim Jong Un. Todos quisiéramos que ese saludo durase para siempre. Ese apretón de manos es el que seguramente muchos coreanos quisieran darse, sin importarles de que parte de la línea divisoria estén parados.

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