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La leyenda de la eterna sonrisa

Juan Meroño (@Juaniin19).
Messi puede ser el mejor de la historia, pero él es el futbolista más mágico e imprevisible que he visto en mi vida
Esta frase salió del alma de mi padre el día que el FC Barcelona fichó a Neymar. Yo, en ese momento, trataba de convencerle de que hombre del Santos, al que mi padre no había visto jugar, era el heredero de Dinho en el conjunto blaugrana. Durante los años, en algunas de las muchas conversaciones futbolísticas que he mantenido, ha saltado a la palestra el nombre de Ronaldinho. Y para mi sorpresa, el pensamiento general sobre el brasileño, era muy parecido al de mi padre. No importaba los colores que defendieran mis interlocutores, mirando al pasado en perspectiva, todos sentían que Ronaldinho ocupaba un lugar privilegiado en el Olimpo de este deporte.

Y no solo en el aspecto futbolístico, el carisma que desprendía el brasileño no era ese carisma que a día de hoy exhiben otros futbolistas como Paul Pogba, Paulo Dybala o el propio Neymar. Era un carisma natural. No era su forma de vestir, tampoco sus celebraciones o extravagancias. Era su sonrisa.
Su eterna sonrisa. Se divertía jugando al fútbol. Amaba jugar al fútbol.

Con la edad y los títulos (concretamente a raíz de ganar la UEFA Champions League en 2006), ‘Dinho’ empezó a considerar el fútbol como un hobby y no como su trabajo. Una decisión que propició el declive del “Ronaldinho futbolista” y el nacimiento del “Ronaldinho vividor”. La noche barcelonesa se convirtió en su hábitat natural, y se convirtió en un fijo de los ‘garitos’ más chic de la ciudad condal.


Y es que “Dinho” lo consiguió todo muy rápido. Con tan solo diecisiete años, firmó su primer contrato profesional con Gremio de Porto Alegre. Con diecinueve, se proclamó campeón de América con la selección absoluta brasileña. Y, a los veintiún años, Ronaldinho Gaucho logró el que sería el mayor logro de su carrera, coronándose campeón del mundo junto a la canarinha.

El fútbol le concedió una segunda oportunidad, cuando en las filas del Atlético Mineiro, logró una Copa Libertadores, el Balón de Oro del Brasileirao y ser coronado Mejor Jugador de América. Dos años de éxitos donde el Gaucho logró volver a sentirse futbolista profesional, tanto, que volvió a ser convocado por Luiz Felipe Scolari para integrar la convocatoria de la Selección de Brasil en un amistoso frente a Inglaterra.

Pero como no podía ser de otra manera, recayó en sus hábitos que le llevaban a perderse entrenamientos o no llegar en buenas condiciones los días de partido, lo que le costó salir por la puerta de atrás del equipo galo. Un final digno de las grandes estrellas brasileñas que, antes que él, destacaron en el ámbito de las fiestas nocturnas.

La leyenda deja el fútbol, aunque ya lo había hecho mucho tiempo antes.


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