Estamos trabajando en nuestro nuevo sitio.Volveremos muy pronto para seguir rompiendo líneas.

La fase 2.0 está muy cerca. Afrontaremos los grandes eventos que se aproximan de otra forma.

Copyright © The Line Breaker | Published By Gooyaabi Templates | Una web de The Line Breaker Company
Diseñado por José Rafael Camacho.
Con la tecnología de Blogger.

SUSCRÍBETE POR CORREO

El penal


Juan Pablo Gatti (@GattiJuan).

Minuto 93, se moría literalmente el Egipto vs Congo (1-1) cuando el árbitro de Gambia, Bakary Gassama, pitó penalti. El estadio Borg El Arab, en donde miles de egipcios agolpados comenzaban a angustiarse al ver como su selección se estaba perdiendo una nueva chance de volver a disfrutar de una gesta mundialista, explotó. Estaban muertos, pero de repente se les permitía volver a la vida, como se pensaba que hacían los antiguos faraones. Había una chance, un nuevo milagro. Un duelo western donde solo uno podía quedar en pie: o delantero o arquero, pero no ambos.

93:50. El nacido en Basyoun es el hombre que todo lo ve: ahí está el balón en ese punto de penal cada vez más pequeño, pero por un momento a él eso no le importa. Con un pequeño movimiento de cabeza observa a sus compañeros, a los rivales más cercanos, incluso al público, una gran masa roja formada por ochenta mil espectadores que también lo mira a él. Son segundos, quizás imperceptibles para el resto de los mortales, pero el “10” escucha el rugido de todo un pueblo que le está orando al Dios en el que cree -si es que lo hacen- y lo hace propio. Se sabe Atlas cargando con el peso del mundo, pero necesita ese motor para hacerse grande de una vez por todas.

93:58. Los segundos fueron eternos. Posiblemente al muchacho del Liverpool (quien tiene apenas 25 años, aunque parece mayor) seguramente le haya pasado toda su carrera por sus ojos en ese corto lapso de tiempo. Sus inicios en el Arab Contractors de su tierra natal, el salto a Europa para jugar en el Basilea, los pobres años en el Chelsea, su renacer en la Fiorentina y la explosión en la Roma. Dicen que cuando uno va a morir ve toda su vida como un film delante de si. Y al “faraón” le estaba pasando lo mismo: ese disparo iba a significar su pase al paraíso o su caída al infierno.

93:59. Barel Mouko, el moreno portero congoleño, se había quedado atornillado en el centro del arco mientras su rival contemplaba cada instante de ese momento. Escucha como, después de instantes que parecen años, suena el silbato del árbitro. El líder de una Egipto desangrada -pero que quiere recuperarse- pega un salto y amaga a patear hacía la derecha del hombre que quería silenciar a ese monstruoso monumento de cemento. Y hacía allí se arroja el “1” del AC Léopards, sin saber que se había equivocado de manera flagrante: el disparo del delantero va de lleno hacia el otro costado. ¡Gol!

Mohamed Salah, el hombre que quiere ser “el mejor jugador de la historia de Egipto” según le comentó a los periodistas de la BBC luego de quedarse con el premio al Mejor Jugador Africano del 2017, al cerrar los ojos sigue viendo esos instantes como si volviera a patear el penal más decisivo de su carrera. ¿Cómo se va a olvidar de cuando pudo, con su pierna izquierda, romper de una vez y para siempre la maldición de 28 años que se cernía sobre el fútbol egipcio? ¿Cómo no va a querer recordar por siempre ese festejo alocado, corriendo detrás del arco para volver a salir al campo y abrazarse con todo el mundo? A veces los dioses del fútbol permiten engrandecer a ciertos mortales en cuestión de segundos. Y unos pocos le bastaron a él, al enrulado Salah, para “fusilar” de manera certera a un confiado Mouko y ganarse con ello el pase a Rusia, su paraíso terrenal.

Compartir:

Publicar un comentario

REVISTA THE LINES