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Siria, el fútbol como escape

Nota extraída de El 9 y medio. Escrita por Juan Pablo Gatti (@GattiJuan).

Políticamente hablando, Siria es un “estado fallido”. Está tan fraccionado interiormente que casi podría decirse que no es un país, y esto no es por una cuestión independentista, ya que a que solo los kurdos manifiestan desde hace años sus intenciones de ser libres, sino porque los bandos combatientes no dan su brazo a torcer en una dolorosa guerra que lleva años y que no tiene vistos de finalizar. Y mientras el gobierno del dictador Bashad Al Asad se riñe en una contienda contra los “rebeldes” y el ISIS, los hombres, mujeres, niños y ancianos de “a pie” se tuvieron que acostumbrar al hecho de ver a la muerte frente a sus ojos cada maldito día. La foto del niño Aylan Kurdi yaciendo sin vida en una playa turca es apenas una muestra de lo que los sirios deben vivir jornada a jornada.

El problema asimismo radica en el hecho de que las potencias mundiales (Estados Unidos y la OTAN, Rusia, Turquía, los estados árabes) también están involucrados en la guerra, lo que genera todavía más incertidumbre en el devenir de la nación, ya que todos quieren su parte del pastel porque Siria es sinónimo de una tierra estratégica para trasladar petróleo y gas de manera directa a Europa.

Es entremedio de tanto dolor que el fútbol se terminó por convertir en un bálsamo, un pequeño oasis en medio de tanto desierto color rojo carmesí. La selección siria, una de las más humildes del continente asiático, estuvo a nada de cargarse a Australia y así seguir soñando con la clasificación para Rusia 2018. ¿Cómo pudo un país que ya no lo es tanto -en el sentido convencional- estar tan cerca de debutar en un Mundial?

Un seleccionado hecho propaganda
Desde el 31 de mayo del 2016 el entrenador es Ayman Hakeem, quien comenzó su carrera en 1993 con el Al Wahda, al que llevó a ganar la liga en ese mismo año. Posteriormente se uniría a las filas de la selección, entrenando tanto a las juveniles como al equipo olímpico, hasta que el año pasado fuera nombrado como principal en la mayor, cargo que ya había ocupado solo por un breve período – a modo de interinato – a finales del 2010.
Estamos atravesando por un período difícil: nos cuesta reunir a los jugadores y no nos hemos podido preparar con serenidad y a conciencia antes de la liguilla clasificatoria. Además, tampoco nos beneficiamos del factor campo, ya que recibimos a nuestros rivales fuera de Siria”, señalaba hace unos meses Hakkeem.
Omar Kharbin, uno de los jugadores de mayor calidad en el plantel agrega lo siguiente: “queremos dar satisfacciones a nuestros compatriotas, a pesar de las circunstancias actuales. Eso es lo que nos motiva para ir con la selección, aun con todos los obstáculos. Siempre pensamos en los hinchas, y espero que logremos clasificarnos para dar un poco de felicidad a este pueblo herido”.

Las Águilas de Damasco o del Qasioun (el monte de dicho nombre es sagrado para el pueblo sirio. Se dice que allí han orado, entre otros, Abraham y el propio Jesús) son consideradas como un elemento más de propaganda de un régimen que ha sido poco piadoso como lo que no piensan igual, llegando al extremo de torturar y hasta matar jugadores -algunos internacionales- durante los últimos cuatro o cinco años. Dos de los puntales de este equipo, Omar Al Soma y Firas Al Khatib, por ejemplo, han vuelto al conjunto rojiblanco luego de temporadas de ausencia, y lo han hecho más por el clamor popular y de sus propias familias que por querer agradar a un régimen que ya les ha soltado la mano.

Por lo pronto, sean partidarios del régimen o no, los hinchas en cada rincón del país valoran enormemente estos gestos de valentía. Si bien la liga siria se sigue jugando durante la guerra (aunque solo en las ciudades de Damasco, Latakia y desde hace unos meses Aleppo), el poder observar a su seleccionado luchar al más alto nivel ante los titanes del continente es, sin duda, la mayor satisfacción.

Un camino duro
Siria solo estuvo una vez cerca de disputar un Mundial (el de México en 1986), pero perdieron una de las finales continentales ante sus vecinos iraquíes. Luego de eso su fútbol estuvo sumergido en el ostracismo, llegando incluso a ser descalificado de las eliminatorias para Brasil 2014 por incluir a George Mourad, jugador sirio-sueco, por no disponer de los documentos necesarios.

Increíblemente, la situación ha cambiado tanto que ahora las Águilas se encontraron a solo un gol de poder disputar el repechaje intercontinental ante el cuarto de la CONCACAF, última instancia para poder viajar a Rusia.

Hakeem para usualmente en cancha un 4-2-3-1 que es en primera instancia limitado del medio hacia atrás, pero que tiene bastante contundencia a la hora de atacar, sobre todo gracias a jugadores como Kharbin (quien no estuvo en el duelo clave ante los Soccerway en Sydney), Al Soma, Al Khatib y Mahmoud Al Mawas. El arquero, Alma, se terminó de consagrar en este play-off asiático como una figura en ciernes.

El camino para llegar a este duelo entre terceros ante los oceánicos ha sido muy largo. Por su ranking el equipo sirio debió comenzar a disputar las eliminatorias desde la segunda ronda, siendo la selección número 26 entre las 46 que disputaron las clasificatorias. En esta instancia fueron uno de los mejores segundos, quedando por detrás de Japón (contra quienes perdieron ambos choques por goleada) pero por encima de Singapur, Afganistán y Camboya.

En la tercera fase se midieron los doce mejores países, divididos en dos zonas de seis equipos cada uno, donde los dos primeros de cada grupo se clasificarían al Mundial. Siria, jugando siempre como local en Malacca, Malasia (ya que es imposible hacer que jueguen en el país por la situación de alto riesgo en la que se encuentran), comenzó cediendo ante Uzbekistán, pero demostraron un enorme temple para seguir buscando el objetivo. En la última jornada, Irán, quizás el mejor conjunto de toda Asia hoy en día, le dio vuelta el encuentro, posibilitando la clasificación uzbeka al play-off, hasta que sobre el final apareció Tamer Mohamd para meter el heroico 2-2. China y Qatar también sucumbieron ante la humilde 93° del ranking FIFA.
La selección siria atraviesa actualmente por el mejor periodo de su historia. En la última jornada, visitamos a un duro rival, considerado como la mejor selección de Asia. Y, por cierto, somos los únicos que logramos perforar su portería en la tercera ronda”, se jacta Kharbin. Siria puede no ser el mejor once del continente, pero saben lo que es dar lo mejor de sí hasta el final.
“La selección siria atraviesa actualmente por el mejor periodo de su historia. En la última jornada, visitamos a un duro rival, considerado como la mejor selección de Asia. Y, por cierto, somos los únicos que logramos perforar su portería en la tercera ronda” se jacta Kharbin. Siria puede no ser el mejor once del continente, pero saben lo que es dar lo mejor de sí hasta el final.

En medio de tanta locura, de tantos edificios derruidos, de tantas bombas que caen. En medio de las decapitaciones, crucifixiones, balazos o ahorcamientos. En medio del dolor y la desesperanza. Ahí está un equipo que se ha hecho fuerte, porque sus jugadores y cuerpo técnico han entendido que no luchaban por un objetivo personal y egoísta, sino por un sueño mucho más grande. Ese espíritu les hizo empatar a uno en campo neutral y perder apenas 2-1 como visitante ante Australia, sin Kharbin, con Al Mawas siendo expulsado en el suplementario y con Alma siendo figura. Y estuvieron a solo un palo en el minuto 120 (un tiro libre exquisito de Al Soma) de viajar hasta la otra punta del mundo.

Ese sueño quizás haya acabado en este último partido, pero puede ser una base donde seguir trabajando de cara a Qatar 2022. Al final, el triunfo no será ni de los sádicos terroristas ni de los dictadores asesinos, sino del pueblo. Ese pueblo que sufre cada maldito día, pero que tuvo aunque sea algunas horas para disfrutar algo parecido a la felicidad y la esperanza.

Agradezco a Daniel González (quién trabaja para Fútbol desde Asia y Grupo Sports) por ayudarme con la nota
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