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Érase una vez: Jorge “Mágico” González

Theoscar Mogollon (@Theo_Mogo)

¿Y qué es la magia? Es un espectáculo donde, por medio de trucos, se intenta engañar al espectador con situaciones increíbles y fuera de la lógica. La gente sabe que lo que está viendo no es real, pero no logra descubrir el secreto detrás de la ilusión. En el fútbol, estos actos son solo practicados por un selecto grupo de jugadores que, sin importar donde nacieron, le regalan al público pinceladas de arte. Érase una vez un genio vago que pudo ser mejor que el propio Maradona, pero simplemente no quiso.

Llegaba el verano de 1982 en España, país que albergaría su primer mundial de fútbol. Figuras importantes como Zico, Paolo Rossi o Karl-Heinz Rummenigge serían quienes se llevaran los focos de atención con sus respectivos combinados. Sin embargo, una humilde selección salvadoreña tenía en sus filas a un chico de 24 años que poseía magia pura en sus botines. El Salvador perdería sus tres compromisos y se iría a casa con 15 goles en contra y solo 1 a favor.

Ojeadores españoles y de toda Europa llegarían a mostrar interés en ese delgadísimo joven con el dorsal 11, cuyos regates y gambetas dejaban mal parado a los rivales. Por cuestiones curiosas, Jorge “Mágico” González no ficharía por el PSG, pues ¿qué iba a hacer él en Paris si no sabía el idioma?, según palabras del propio jugador. Cuando solo bastaba la firma para cerrar el contrato, Jorge no se presentó aquel día.

Cádiz, una ciudad que se llenó de magia
En las calles de la ciudad andaluza siempre se comenta que "Mágico no se entiende sin Cádiz, y Cádiz hace mucho que no se explica sin Mágico". Hoy en día, 26 años después de haber jugado su último partido en el estadio Ramón de Carranza, la leyenda de Jorge se mantiene latente. Inclusive, los más jóvenes saben quién fue este personaje sin ni siquiera haberlo visto jugar alguna vez.

Cádiz es una ciudad con un clima agradable, con una forma de vida bastante tranquila y en donde se ven decenas de gaviotas picoteando en la orilla de la playa. Seguramente eso y otras cosas más fueron los motivos suficientes para que Jorge decidiera fichar por un equipo que acababa de descender a la Segunda División de la Liga Española.

Días soleados y noches de juergas interminables con mujeres bellas serían disfrutadas por El Mágico durante su estancia. Si bien su fichaje no hizo mucho ruido, poco a poco Jorge se iría ganando el respeto y admiración de toda una ciudad que al final lo inmortalizaría. No había otro jugador que se divirtiera en el campo tanto como él, y es que no veía el fútbol como una profesión. “Si lo hiciera, no sería yo. Sólo juego por divertirme”, llegó a decir en una entrevista cuando aún estaba en activo.

Miles y miles de anécdotas se siguen contando en las calles gaditanas. Mágico se caracterizaba por ser una persona que dormía más de la cuenta y en centenares de ocasiones llegaba tarde a los entrenamientos, mientras que en otras ni aparecía. Esas actuaciones se convertirían en un dolor de cabeza para los directivos, pero ¿cómo culpar a un jugador que era idolatrado por los fanáticos y siempre dejaba la vida en la cancha?.

Lo que realizaba Mágico en el campo todavía permanece en la memoria de toda una ciudad. Jorge era espectáculo puro, tenía algo que no lo tenían los demás. Podía arrancar de 0 a 100 pero a la vez frenaba de 100 a 0. De todo su repertorio destacaba una muy especial, era una jugada fuera de lo normal, te mostraba el balón de un lado para luego irse por el otro. Así como paraba la esférica se paraban los corazones y todo el estadio.

“¿El mejor futbolista del planeta? No, hay uno mejor que yo. Se llama Jorge González”
Mágico pudo convertirse en un dios del fútbol, ganar todos los millones del mundo y jugar en los mejores equipos del planeta, pero prefirió ser un simple mortal. Una vez le llegaron a preguntar a Diego Armando Maradona si se consideraba el mejor futbolista de todos los tiempos, su respuesta fue un elogio hacia Jorge. Ambos pudieron coincidir en el FC Barcelona, pero nuevamente una nota bastante curiosa lo dejaría sin la posibilidad de vestir los colores azulgranas.

La relación entre El Mágico y su entrenador en Cádiz se complicaba con el pasar del tiempo, había una guerra contra él por su manera de vivir e indisciplina. La directiva amarilla colocó a Jorge en la lista de transferibles luego de que no se presentara a entrenar durante casi 20 días, nadie sabía dónde estaba el crack. Tuvo su oportunidad con el equipo catalán en una gira por los Estados Unidos. Sin embargo, tras un incidente en la ciudad de California, donde se quedó en su habitación con una mujer luego de que desalojaran el hotel por una alarma de incendio, el entrenador optaría por no incorporar en sus filas al salvadoreño.

Con un Barcelona que no quiso arriesgar y un Cádiz sin paciencia para él, el nuevo destino de Mágico sería el Real Valladolid. El conjunto violeta se encargaría de hacerle un seguimiento exhaustivo, pues sabían sobre su indisciplina y forma de vida. Jorge seguiría siendo el mismo y solo duraría 6 meses en Valladolid. A pesar de que el presidente del Cádiz había jurado no volver a contratarlo, la presión de la hinchada para que estuviera de vuelta pesó más y El Mágico retornaría a su ciudad.

La leyenda continúa
Su segunda etapa con el equipo amarillo sería sin duda la mejor. Durante las siguientes 5 temporadas, Jorge se consagraría como una verdadera leyenda en la ciudad andaluza. A pesar de que sería multado por el conjunto en varias ocasiones por llegar tarde a los entrenamientos, El Mágico dejaría las mejores muestras de su fútbol, nada había cambiado en él y al menos sus noches se olvidan por las tardes.

Las cosas que hacía Mágico cuando quería eran de antología. Ante el Racing de Santander dejó enmarcada una obra de arte, considerada hoy en día como uno de los mejores goles en la historia de la liga española. El salvadoreño se sacó hasta 4 rivales de encima que le iban saliendo al paso sin permitirle entrar al área. Justo en la media luna, Jorge mira de reojo la portería y se da cuenta que el portero está adelantado, en vez de buscar un remate potente a los costados, inventa una vaselina que acaricia el travesaño antes de besar las redes. Genio total.

El rendimiento de Jorge volvería a levantar interés en algunos clubes de Europa. Desde Italia, el Atalanta preguntaba por él. Con una oferta millonaria en la mesa, Mágico la rechazaría sin dudarlo, ¿por qué? Simple, allá no vendían pescado frito. Separar Cádiz de “Mágico” González en aquella época era imposible. Ninguno podía vivir sin el otro.

Años después de su llegada, Jorge dejaría Cádiz para regresar a El Salvador, a su equipo de toda la vida. Algunos dicen que se volvió taxista, otros que aún se le ve jugando al fútbol a orillas de la playa y hasta los más soñadores afirman que todavía pasea por las calles gaditanas. La leyenda de El Mágico se mantiene viva. En cada esquina o en cada bar siguen contando la historia de aquel jugador que pudo reinar el mundo, pero no quiso.

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