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Egipto vuelve a ser luz mundialista

Nota extraída de El 9 y medio. Escrita por Juan Pablo Gatti (@GattiJuan).

Después de 28 angustiantes años de espera Egipto logró regresar a un Mundial. Parece increíble que el país más dominante de la Copa de África haya tardado tantos años en volver a la máxima competencia futbolística pero si revisamos los antecedentes suena hasta lógico que los faraones hayan quedado encerrados tanto tiempo en sus pirámides sin poder ver la luz del sol, esa que parece volver a apuntar fuerte hacia la región del norte de África.

Egipto participó solo en dos Copas del Mundo. Si bien tanto en 1934 como en 1990 se quedó afuera en la primera ronda, siempre dejó en claro que era un conjunto atrevido que no le temía a nadie. Es por ello por lo que, si bien no ha ganado aún en esta competición, siempre ha dado la cara, perdiendo de manera justa ante Hungría (1934) o Inglaterra (1990) y empatando incluso ante la Holanda de Van Basten, Gullit, Rijkaard y compañía. En la Copa Confederaciones del 2009 perdería ante Brasil en un partidazo (4-3) e incluso se cargaría a Italia (1-0), pero Estados Unidos los descartó para las semifinales. Sí, el país bañado por el Río Nilo participó en muy pocas competiciones FIFA, pero casi siempre dio la talla.
Egipto alcanzó su época de esplendor a comienzos de este siglo, cuando alcanzaron un triplete en la copa continental (2006-2008-2010)
Los norteafricanos tuvieron su época de esplendor a comienzos de este siglo, cuando alcanzaron un triplete en la copa continental (2006-2008-2010). Era un combinado nacional en el que ya estaban jugadores como el eterno arquero Essam El-Hadary (que tendrá 45 años cuando comience a rodar el balón en Rusia), Mohamed Zidan o el “mágico” Mohamed Aboutrika. Todo pintaba de maravilla: la selección que comandaba Hassan Shehata asombraba al continente y hacía vislumbrar una luz en medio de una zona que había quedado relegada por los conjuntos de la llamada “África profunda”. Pero todo se derrumbó cual castillo de naipes en medio de una ventisca.

La primavera árabe en medio del ocaso egipcio
Los Faraones llegaban como una verdadera potencia continental a las eliminatorias rumbo a Sudáfrica 2010. Luego de varias decepciones, este era su momento, ¿qué mejor que demostrarle al mundo su nivel en un torneo a disputarse en la propia África? Los campeones de la CAF comenzaron arrasando en una zona cómoda en el marco de la segunda ronda, pero en la tercera, si bien demostraron ser más que Ruanda y Zambia, tuvieron que sufrir demasiado ante Argelia, que en la última fecha se estaba clasificando por diferencia de goles, hasta que en el minuto 95 Emad Meteab marcó un 2-0 de locura. Con este resultado, y al haber igualado en todos los apartados estadísticos, egipcios y argelinos tuvieron que verse las caras nuevamente pero esta vez, en un desempate jugado en Sudán, no hubo milagro. Argelia ganó 1-0. En pleno Mundial los egipcios escucharon y leyeron que su país había alcanzado nada menos que el 9° lugar del ranking FIFA, un logro fantástico para Egipto, sin dudas… aunque a nadie le importó, ya que su equipo no estaba compitiendo.
El hecho de que el país viviera en estado de alerta permanente (hubo incluso un golpe de estado en el 2013) afectó también al fútbol local”
La marcha del mejor entrenador egipcio de todos los tiempos coincidió con el comienzo de los problemas internos. La denominada Primavera Árabe fue un movimiento popular en el que se buscó acabar con las dictaduras internas, ya que, entre otras cuestiones, cortaban con las libertades individuales. Los egipcios lograron derrocar a Hosni Mubarak, pero el problema mayor comenzó al no tener un plan propuesto para ese “día después”. Este inconveniente -entre tantos otros- fue el que llevó al surgimiento del que es hoy en día el grupo terrorista más mediático de todos, ISIS, que se aprovechó de esa falta de liderazgo. El hecho de que el país viviera en estado de alerta permanente (hubo incluso un golpe de estado en el 2013) afectó también al fútbol local, que vio como las temporadas 2011-2012 y 2012-2013 quedaban anuladas. La primera vez fue por la tragedia de Puerto Said, donde los hinchas del Al-Masry se enfrentaron a los del Al-Ahly, provocando la muerte de 74 personas. Esto fue una reacción más de todo el conflicto vivido en Egipto, ya que mientras que el club más ganador del continente era un abnegado defensor de la Primavera Árabe, los locales (y causantes del hecho) apoyaban al régimen del dictador Mubarak. Y la segunda quedó incompleta por el derrocamiento de Mohamed Morsi.

Los Faraones, que habían dominado el continente a finales de la década anterior, pasaron de golpe a ni siquiera clasificarse para las copas africanas de 2012, 2013 y 2015. Del tricampeonato a la nada misma en apenas un soplo. A todo esto, el que se hizo cargo del seleccionado en un momento institucional tan crítico fue el estadounidense Bob Bradley, que logró formar un equipo fuerte en las eliminatorias rumbo a Brasil 2014, ganando los seis partidos de la fase de grupos, aunque luego una Ghana en mucho mejor estado derrotaría a Egipto en el repechaje por 6-1 en Kumasi (7-3 global), acabando nuevamente con el sueño.
Los Faraones, que habían dominado el continente a finales de la década anterior, pasaron de golpe a ni siquiera clasificarse para las copas africanas de 2012, 2013 y 2015
Cúper y el final de la “maldición” para Egipto
La Federación Egipcia nombró en el 2015 a Héctor Raúl Cúper, entrenador que tuvo la suerte de gestionar clubes que quedaron en el recuerdo, como Huracán, Lanús, Mallorca o Valencia. Pero, al haber tenido la desgracia de perder varias finales o definiciones de liga, ha quedado marcado bajo el injusto mote de técnico perdedor, aunque la realidad sea distinta. Su último paso había sido por el Al- Wasl de los Emiratos Árabes, por lo que tenía perfecto conocimiento de la zona a la que se adentraba, un poco más tranquila que en años anteriores, aunque la situación no sea aún la mejor.

Cúper comenzó con un enorme éxito su gestión, ya que devolvió a Egipto no solo a la Copa Africana de Naciones, sino que además a la mismísima final en ese 2017, perdiendo sobre la hora ante Camerún. Pero lo que en otro momento pudo ser un causal de despido (los hinchas y los medios varias veces estuvieron en su contra), se convirtió en fortaleza y convencimiento. El argentino encontró a sus pilares (El Hadary y tres “Mohamed”: Shafi, Elneny y Salah), pero también supo sustentarse en otros nombres quizás no tan resonantes, pero si muy eficientes, como lo son Hegazy, Said, Ahmed Hassan, Kahraba, Sobni y Trézéguet. Confiaba tanto en sus muchachos, que ni siquiera le importaba que algunos no fueran titulares en sus clubes, ya que el santafecino solo les pidió que confiaran en el proyecto. Y los jugadores, agradecidos, hicieron eso y más.

El estadio Borg el-Arab se convirtió en un verdadero fortín, donde el equipo, parado en el campo con un 4-2-3-1, logró sacar adelante encuentros clave, como lo fueron los duelos ante Ghana, Uganda y Congo, todos saldados con victoria. Fue en el penúltimo compromiso contra Congo en donde el ahora jugador del Liverpool, Salah, terminaría por grabar su nombre en los anales de la historia de los hombres del Nilo, al convertir un penal en el minuto 94 y desatar una verdadera explosión de algarabía en medio de un país tan golpeado.

Cúper le dio mayor identidad a los Faraones, al dotarlos de mayor fortaleza táctica y mental, siempre sumados a la calidad que tienen los jugadores norteafricanos, que miran más hacia Europa que hacia su propio continente.

Así, después de 28 largos años, en donde hubo cuatro campeonatos africanos en medio, varias decepciones en eliminatorias y un caos político en el país, Egipto vuelve a decir presente en un Mundial. Y, además, tiene armas para aspirar a algo más que a su primera victoria en la competición porque su grupo es, quizá, el más accesible (Rusia, Uruguay, Arabia Saudita).

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