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¿Recordaremos al amigo de todos?

Juan Camilo Ortiz Villa

Cuando se mire la participación de Polonia en la Eurocopa de Francia 2016, se recordará que fue la primera en la que consiguió una victoria en este campeonato. También quedará en la memoria su más grande figura, Robert Lewandowski, a pesar de que solo haya anotado un gol en la competición. Incluso, puede que se hable del par de atajadas espectaculares de Łukasz Fabiański contra Suiza en octavos de final. Pero ¿nos acordaremos de Krzysztof Mączyński?

Comparando con el palmarés pululante de los jugadores de los clubes europeos más reconocidos, Mączyński no tiene una vitrina que presumir. En su primera temporada, la 2007-2008, fue ganador de la Ekstraklasa (liga polaca) con el Wisła Kraków, pero solo tuvo dos apariciones en toda la temporada. Como profesional, el único otro título de su país que obtuvo fue el de la segunda división, tres años después, cuando jugaba en el ŁKS Łódź. A esto solo se suma una Superliga China, conseguida con el antiguo Guizhou Renhe. Jamás ha recibido un galardón individual ni participado en un club fuera de Polonia y China.

Es sorpresivo entonces que tenga uno de los mejores rendimientos de su selección. Mediocentro de 30 años con el dorsal ‘5’, el actual jugador del Legia Warsaw ha cobrado una importancia no reflejada en las estadísticas. Después de quedar eliminado con el equipo nacional por Portugal en la última Eurocopa, Mączyński no reapareció oficialmente con su selección hasta la cuarta fecha de Eliminatorias para el Mundial de Rusia. A partir de ahí ratificó que es un jugador que cumplía con el rol que su entrenador, Adam Nawałka, le asignaba: dar salida en corto y cortar líneas de pase. También desde ese punto mostró que se convertiría en el amigo de todos.

Gracias a futbolistas como el del Legia Warsaw se puede hacer la distinción entre los jugadores que acompañan y los que ayudan. Los del primer tipo, que generalmente dependen de su condición física, son aquellos también denominados ‘de área y área’, que suben y bajan constantemente dependiendo de la ubicación de la pelota. Mączyński hace parte de los segundos, de los que no corren entre los dos extremos de la cancha durante los 90 minutos, pero que optimizan el trabajo de sus compañeros.

Por su proximidad a la línea más retrasada, el número ‘5’ está obligado a cumplir tareas defensivas. Lo que lo diferencia son los movimientos en retaguardia que no hacen parte de sus obligaciones. En situación de centro, si no debe anticipar a un jugador que se pare en las afueras del área, marca al atacante en la posición más desventajosa, trabajo que parece superfluo, pero que permite que los centrales, Pazdan y Glik, solo deban ocuparse de los delanteros verdaderamente peligrosos. Cuando el equipo se ha compensado en un retroceso, anticipa el regreso de Grosicki, el alero de su propio equipo, para facilitarle el contragolpe sin que se deje de doblar la marca del defensor de banda.

Lo mismo sucede en ataque. Como Polonia juega con doble mediocentro defensivo, Mączyński no siempre tiene que dar la salida en corto. En cambio, se para al lado de Zieliński, Milik, o quien esté jugando de enganche, y hace un recorrido corto y rápido entre las líneas de los mediocampistas y defensas para habilitar una línea de pase. En una acción ofensiva más profunda, si no hay posibilidad de un contraataque, se ubica a una mediana distancia de un defensor rival, no para rematar a puerta sino para volverse un punto de marca incómodo que libere un poco a Lewandowski.


Los ejemplos de su ayuda abundan y competen a todos los jugadores de campo en la selección. No los acompaña todo el tiempo; los auxilia cuando es útil. No es que sea uno de los pilares de Polonia, porque sin él el equipo no debería derrumbarse. La conclusión es diferente: sin Mączyński la selección es buena, pero con él es mejor. Tal vez ahora que anotó frente a Montenegro en el último partido de las Eliminatorias haya otro motivo para que sea recordado. Sin embargo, en un fútbol que es cada vez más de cifras, es posible que en algunos años nos olvidemos del amigo de todos.

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